Hoy termina el mítico Guadalupe-Reyes, que más que maratón es una carrera de obstáculos. Nadie puede decir que ha vivido el megapuente navideño hasta que no lo hayan despertado los cuetes guadalupanos el 12 de diciembre a las 5 a.m., o hasta que no se haya aventurado a algún Liverpool el 23 por la tarde, o hasta que no haya tratado de hacer un bacalao a medio desalar el mero 24 al mediodía, o que hasta que se haya sacado muñequito en TODAS las roscas que probó. No fue mi caso este año, pero ya experimenté esas delicias navideñas. La dieta y el ejercicio fueron básicamente olvidados durante esta temporada. La lonjita discreta reapareció, pero la lucha sigue adelante. Por lo menos los jeans me cierran bien todavía. Estoy planeando un makeover personal que me va a dejar chulísima y sobre todo más sana, así me lleve el resto del año. No serán cambios drásticos, sino procesos permanentes de mejora, por dentro y por fuera. Algo así como mi programa personal de Mejora Continua de la Calidad.
Está haciendo un frío del carambas por acá y hemos tenido desperfectos domésticos, nada grave pero sí incómodo. Los retos siguen. La familia cambia. El año va a estar movidito.