diciembre 22, 2009

No estamos solos...

...Pero así parece.
Aunque sigo trabajando en la oficina y dirigiendo este navío que se llama hogar, la actividad va bajando poco a poco. Menos ruido, menos llamadas, un poco menos de correo electrónico... Pero las tiendas y los restaurantes a reventar, los planes viento en popa y el estrés presente como si nada.
Estoy cerrando el año con salud y trabajo. Y harto amor. Así que todo está bien.

Me retiro del espacio blogueril por estas dos semanas de vacaciones, aunque no las tome yo como tales.
Enorme agradecimiento a todos mis lectores (¡wow, tengo lectores!) y amigos, que estas fechas los encuentren sanos y felices. Y sobre todo con salud y paz.

Paz para todos, en todas partes

Navidad: 1 Grinch: 0
¡Después de todo, tengo corazoncito!

diciembre 17, 2009

Vestidas para matar

(Las noticias de hoy jueves en mi Cuernavaca querida fueron alarmantes, pero ya hablaré -escribiré- sobre eso. Por ahora, algo de evasión.)

Muchas veces me pregunto hasta qué punto los diseñadores se burlan del público con la ropita que nos tratan de vender. Y digo "tratan" porque es realmente poca la gente que puede adquirir diseños ya no digan exclusivos, sino simplemente de marca. Lo que sea que signifique en realidad la "marca".
Ahhh, pero para nuestra fortuna y diversión, sí existen los y las mortales que le siguen el juego a los arbiter elegantiarum de nuestra época... con resultados como éste:

Daphne Guiness. Socialité de moda y fashion victim por excelencia. Por favor, noten los zapatitos. A mí se me antojan como parte de un disfraz sadomasoquista. Sádicos porque muchos sufrimos al verlos, masoquistas para la "afortunada" poseedora.

Y para que vean más modelitos de este calibre en acción, incluyendo los papos matadores, aquí está la inefable Lady Gaga, quien me causa una extraña mezcla de admiración, fascinación... y susto.

(No puedo mostrar la pantalla al tamaño ideal, pero si hacen clic sobre el título del video los lleva a You Tube)

diciembre 07, 2009

La Sra. Scrooge ataca de nuevo

“¿Y cuándo empiezas a poner las cosas de Navidad?” La pregunta surge año tras año en los primeros días de Diciembre. Y la respuesta al mundo siempre es la misma: nunca empiezo a decorar antes del 20 de este mes. Incluso he llegado a hacerlo por ahí del 23 en la tarde. Pero internamente la respuesta es otra: este año no quiero decorar. La verdad, casi nunca quiero decorar. No, no y no.
Hace ya algún tiempo que me debato entre la modalidad de Sra. Clos y un híbrido Scrooge-Grinch que se apodera de mí por estas fechas. Me encantan los arbolitos decorados, los nacimientos y las esferas... pero en las casas de mis amigos y en los centros comerciales. La escarcha me da comezón nomás de verla, la nieve de unicel me parece una aberración, los gnomos vestidos de verde están como para darles un patada... Y año tras año cedo a las presiones y salen las mismas series de foquitos, las mismas ramas de pino sintético, las mismas figuras de siempre. Lo peor es que tengo un revoltijo de diferentes cosas adquiridas a través de los años y procedentes de diferentes casas y familias, muchas de las cuales no combinan entre sí (las cosas, no las familias). Y desde que vivimos en una casa, los objetos que llenaban de “espíritu navideño” mi anterior micro-departamento aquí se ven perdidos y hasta medio tristes. Tristes y medio, en realidad.

El año pasado compramos un mini-pino en maceta y lo decoramos con mini-luces y mini-adornos. Se veía simpático, pero el pobre no sobrevivió para este año. Me niego a comprar otro, ni se diga de participar en el triste ritual de tener un árbol alguna vez vivo muriendo por segunda vez en mi sala.

Además, está el tema espiritual. Mi enfoque religioso ha cambiado desde las épocas en que ponía alegremente el nacimiento (con aquel San José de manita quebrada que nunca reparamos) en compañía de mi abue, así que me siento un tanto hipócrita al tratar de celebrar un acontecimiento espiritual que ya veo con otros ojos. Respeto enteramente la tradición que priva entre mis amistades y familiares... pero simplemente las cosas han cambiado para mí. Meses después de la muerte de mi amá puse como siempre el nacimiento en su honor... y la experiencia fue de lo más triste que he vivido. Desde entonces el "misterio" (así le decimos por acá a la Sagrada Familia) duerme en sus cajitas, esperando a que me decida yo a cederlos a alguna buena alma católica. Y sin embargo no le hago el feo al bacalao y a los romeritos, y este año planeo hacer un “bacalao” de soya a la vizcaína para compartir con las facciones vegetarianas de la casa. Digamos que me niego a perder la parte gastronómica de la Navidad, pero lo demás... hmmm, no sé.

Hace unos años ví en Praga una tienda decorada con haces de ramas secas y delgaditas atadas con moños. Unas lucecitas por aquí y por allá y voilá, ambiente invernal sin ser comercialmente navideño. Tal vez tome ese camino y así me evito estar contestando la terrible pregunta “¿Y por qué no decoraste tu casa para Navidad?” Aunque si el Grinch vence, la respuesta va a ser “¡Porque no se me dió la gana!”.

diciembre 02, 2009

Peel me a grape

Recreo la escena una y otra vez: pequeño club de jazz, todas las luces sobre el escenario. Ambiente festivo, gente que ríe... y todos en silencio ante los primeros acordes del piano. Aparece mi diva interior, sexy vestido largo, alguna joya resplandeciente, micrófono en mano y toda la actitud necesaria para cantar estos versos, deliciosamente incorrectos.

Sírvanse una copa, suban el volumen y escuchen mis demandas.



Peel me a grape, crush me some ice
Skin me a peach, leave the fuzz for my pillow
Start me a smoke, talk to me nice

You've got to wine and dine me
Don't try to fool me bejewel me
Either amuse me or lose me
I'm getting hungry, peel me a grape

Pop me a cork, french me a fry
Crack me a nut, bring a bowl full of bon-bons
Chill me some wine, keep standing by
Just entertain me, champagne me

Show me you love me, kid glove me
Best way to cheer me, cashmere me
I'm getting hungry, peel me grape

Here's how to be an agreeable chap
Love me and leave me in luxury's lap
Hop when I holler, skip when I snap
When I say, "do it," jump to it

Send out for scotch, call me a cab
Cut me a rose, make my tea with the petals
Just hang around, pick up the tab
Never out think me, just mink me
Polar bear rug me, don't bug me
New Thunderbird me, you heard me
I'm getting hungry, peel me a grape

En voz de la gran Nancy Wilson, la interpretación de-fi-ni-ti-va de ésta, mi canción favorita. Enjoy.

noviembre 25, 2009

La vida en un hilo

Desde que retomé el tejido tras años (décadas) de inactividad, mis noches se han vuelto productivas. Los 60 o 120 minutos que dedicaba a vegetar frente a la tele después de la cena ahora los lleno con puntadas (dos derechos, un revés, dos dere... ¿y ora con qué va a salir House?... dos reve... chin, ya me perdí). Soy una tejedora muy medianita, pero me divierto muchísimo.
Me sigue pareciendo fascinante como a pura labor de manos (y cerebro) una madeja de estambre se convierte en una prenda. Además, me siento unida y en deuda con todas las generaciones de hombres y mujeres que, a mano y nada más, crearon la ropa que vistió a la humanidad durante siglos, antes de la producción en masa. Desde los suéteres de los pescadores del mar del Norte hasta los gloriosos telares de las indígenas de toda América, punto a punto, esas manos han contribuido para vestirnos a todos.

En algún momento de mi vida estudié (brevemente) diseño de modas. La ropita siempre me ha gustado y a pesar de ser malísima para la costura, pensé que tendría algún futuro en esa carrera. Las cosas no funcionaron por ahí (¡pos claro que no!), pero la experiencia fue muy interesante. Algo que nunca entendí de la escuela donde me inscribí era que la materia de historia de la moda la dieran ya muy avanzado el curso, casi a mitad de la carrera. Para mí era vital conocer la evolución del vestido, para entender por qué usamos ahora lo que usamos. Ya fuera de la escuela desarrollé el gusto por la ropa vintage y por las exhibiciones de vestuario antiguo, y tanto en internet como en libros he encontrado cosas fabulosas.


Terciopelos, calados y acolchados del siglo XVIII. Muselinas vaporosas de los 1800. Pedrería de auténtico cristal sobre sedas que retan al tiempo. Bordados que parecen cobrar vida, de todas las épocas y en todos los lugares. Todo hecho a mano. Y antes de principios del siglo XX, todo hecho con luz natural o a la luz de las velas o lámparas de gas. ¿Qué anónima mujer cosió el dobladillo del vestido que ahora veo en el museo? ¿Quién hizo las flores del sombrero antiguo que ahora se vende en Ebay? Mujeres como nosotras, hombres como ustedes. Trabajadores o aficionados, pero siempre amantes de su oficio.
Así que cada derecho y cada revés de mi tejido va dedicado a los nobles y dedicados maestros del vestir, a quienes debemos tanta protección contra los elementos... y tantas deudas en la tarjeta de crédito.
Crédito de las imágenes: Sitio web Antique Dress, venta en línea de ropa vintage, con espléndidas descripciones y antecedentes históricos de cada prenda. Le hace falta una manita en el diseño, pero las fotos y la información son fantásticas.

(Con cariño para mi abuela, costurera y tejedora sin par. Sorry Conchis, los genes costureros no me llegaron.)
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