
Mi historia es muy diferente. Para mí el agua no me es natural. Sentir que pierdo el piso, que me volteo, que me entra agua por boca, nariz, oídos... todo me resulta aterrador. Y, al mismo tiempo, envidio profundamente a la gente (empezando por mi familia) que se lanza al agua sin pensar, tan sólo disfrutando la libertad de “volar” en ella.
Y entonces llegué a un gimnasio que tiene una linda, clara, tibia alberca semiolímpica con profundidad máxima de 1.55 m. ¿Genial, no? No. La neta, yo soy capaz de ahogarme en 1 m de agua si me agarran descuidada.
Ya saben para dónde voy. Estoy tomando clases de natación. Mi adorado tormento tuvo a bien regalarme de cumpleaños tantas clases como sean necesarias para que aprenda a nadar. Esto ha resultado un tour de force, un psicoanálisis acuático, un viaje al centro del miedo. Resulta que lo mío no es un miedito común, ah no, es toda una fobia a la piscina. Hay clases en que no logro despegarme de la mano de mi increíblemente paciente instructor, en otras puedo hacerlo pero trato de llegar a un punto de apoyo con enorme desesperación. Tablas y cilindros para flotar, ejercicios de brazadas caminando, flotar de muertito (muertita de miedo) sostenida por el instructor. “Lánzate, como si volaras, yo te ayudo a salir” me dice él. Nel, dice mi subconsciente. Y así lo repetimos una y otra vez, algunos días se puede, otros no. Ya hago bucitos, eso sí.
Desde la primera clase el instructor se dio cuenta de que yo era un caso difícil, incluso estuvimos analizando si había yo tenido alguna mala experiencia con el agua. Que yo recuerde, sólo una vez, en el mar, cuando andaba con unos amigos y a todos nos revolcó una ola inmensa, aunque estábamos cerca de la playa, con los pies firmes en la arena. Nos costó mucho, mucho trabajo salir del agua. ¿Sería eso, o es algo más profundo? Debe ser algo anterior, porque aún antes de ese incidente el miedo ya estaba ahí.
“Lánzate, lánzate” Una y otra vez. A veces mi mente se lanza y mi cuerpo se resiste, paralizado por el miedo. A veces se lanzan los dos. A veces (ahora) veo la alberca aunque esté en tierra y me digo lánzate, lánzate.
(Con enorme agradecimiento a todos los que me apoyan en este reto, uno de los más grandes de mi vida. No shit.)
Y entonces llegué a un gimnasio que tiene una linda, clara, tibia alberca semiolímpica con profundidad máxima de 1.55 m. ¿Genial, no? No. La neta, yo soy capaz de ahogarme en 1 m de agua si me agarran descuidada.
Ya saben para dónde voy. Estoy tomando clases de natación. Mi adorado tormento tuvo a bien regalarme de cumpleaños tantas clases como sean necesarias para que aprenda a nadar. Esto ha resultado un tour de force, un psicoanálisis acuático, un viaje al centro del miedo. Resulta que lo mío no es un miedito común, ah no, es toda una fobia a la piscina. Hay clases en que no logro despegarme de la mano de mi increíblemente paciente instructor, en otras puedo hacerlo pero trato de llegar a un punto de apoyo con enorme desesperación. Tablas y cilindros para flotar, ejercicios de brazadas caminando, flotar de muertito (muertita de miedo) sostenida por el instructor. “Lánzate, como si volaras, yo te ayudo a salir” me dice él. Nel, dice mi subconsciente. Y así lo repetimos una y otra vez, algunos días se puede, otros no. Ya hago bucitos, eso sí.
Desde la primera clase el instructor se dio cuenta de que yo era un caso difícil, incluso estuvimos analizando si había yo tenido alguna mala experiencia con el agua. Que yo recuerde, sólo una vez, en el mar, cuando andaba con unos amigos y a todos nos revolcó una ola inmensa, aunque estábamos cerca de la playa, con los pies firmes en la arena. Nos costó mucho, mucho trabajo salir del agua. ¿Sería eso, o es algo más profundo? Debe ser algo anterior, porque aún antes de ese incidente el miedo ya estaba ahí.
“Lánzate, lánzate” Una y otra vez. A veces mi mente se lanza y mi cuerpo se resiste, paralizado por el miedo. A veces se lanzan los dos. A veces (ahora) veo la alberca aunque esté en tierra y me digo lánzate, lánzate.
(Con enorme agradecimiento a todos los que me apoyan en este reto, uno de los más grandes de mi vida. No shit.)