diciembre 22, 2009
No estamos solos...
diciembre 17, 2009
Vestidas para matar
Muchas veces me pregunto hasta qué punto los diseñadores se burlan del público con la ropita que nos tratan de vender. Y digo "tratan" porque es realmente poca la gente que puede adquirir diseños ya no digan exclusivos, sino simplemente de marca. Lo que sea que signifique en realidad la "marca".
Ahhh, pero para nuestra fortuna y diversión, sí existen los y las mortales que le siguen el juego a los arbiter elegantiarum de nuestra época... con resultados como éste:
Daphne Guiness. Socialité de moda y fashion victim por excelencia. Por favor, noten los zapatitos. A mí se me antojan como parte de un disfraz sadomasoquista. Sádicos porque muchos sufrimos al verlos, masoquistas para la "afortunada" poseedora.
Y para que vean más modelitos de este calibre en acción, incluyendo los papos matadores, aquí está la inefable Lady Gaga, quien me causa una extraña mezcla de admiración, fascinación... y susto.
(No puedo mostrar la pantalla al tamaño ideal, pero si hacen clic sobre el título del video los lleva a You Tube)
diciembre 07, 2009
La Sra. Scrooge ataca de nuevo
Hace ya algún tiempo que me debato entre la modalidad de Sra. Clos y un híbrido Scrooge-Grinch que se apodera de mí por estas fechas. Me encantan los arbolitos decorados, los nacimientos y las esferas... pero en las casas de mis amigos y en los centros comerciales. La escarcha me da comezón nomás de verla, la nieve de unicel me parece una aberración, los gnomos vestidos de verde están como para darles un patada... Y año tras año cedo a las presiones y salen las mismas series de foquitos, las mismas ramas de pino sintético, las mismas figuras de siempre. Lo peor es que tengo un revoltijo de diferentes cosas adquiridas a través de los años y procedentes de diferentes casas y familias, muchas de las cuales no combinan entre sí (las cosas, no las familias). Y desde que vivimos en una casa, los objetos que llenaban de “espíritu navideño” mi anterior micro-departamento aquí se ven perdidos y hasta medio tristes. Tristes y medio, en realidad.
diciembre 02, 2009
Peel me a grape
Sírvanse una copa, suban el volumen y escuchen mis demandas.
Peel me a grape, crush me some ice
Skin me a peach, leave the fuzz for my pillow
Start me a smoke, talk to me nice
You've got to wine and dine me
Don't try to fool me bejewel me
Either amuse me or lose me
I'm getting hungry, peel me a grape
Pop me a cork, french me a fry
Crack me a nut, bring a bowl full of bon-bons
Chill me some wine, keep standing by
Just entertain me, champagne me
Show me you love me, kid glove me
Best way to cheer me, cashmere me
I'm getting hungry, peel me grape
Here's how to be an agreeable chap
Love me and leave me in luxury's lap
Hop when I holler, skip when I snap
When I say, "do it," jump to it
Send out for scotch, call me a cab
Cut me a rose, make my tea with the petals
Just hang around, pick up the tab
Never out think me, just mink me
Polar bear rug me, don't bug me
New Thunderbird me, you heard me
I'm getting hungry, peel me a grape
En voz de la gran Nancy Wilson, la interpretación de-fi-ni-ti-va de ésta, mi canción favorita. Enjoy.
noviembre 25, 2009
La vida en un hilo

Me sigue pareciendo fascinante como a pura labor de manos (y cerebro) una madeja de estambre se convierte en una prenda. Además, me siento unida y en deuda con todas las generaciones de hombres y mujeres que, a mano y nada más, crearon la ropa que vistió a la humanidad durante siglos, antes de la producción en masa. Desde los suéteres de los pescadores del mar del Norte hasta los gloriosos telares de las indígenas de toda América, punto a punto, esas manos han contribuido para vestirnos a todos.
En algún momento de mi vida estudié (brevemente) diseño de modas. La ropita siempre me ha gustado y a pesar de ser malísima para la costura, pensé que tendría algún futuro en esa carrera. Las cosas no funcionaron por ahí (¡pos claro que no!), pero la experiencia fue muy interesante. Algo que nunca entendí de la escuela donde me inscribí era que la materia de historia de la moda la dieran ya muy avanzado el curso, casi a mitad de la carrera. Para mí era vital conocer la evolución del vestido, para entender por qué usamos ahora lo que usamos. Ya fuera de la escuela desarrollé el gusto por la ropa vintage y por las exhibiciones de vestuario antiguo, y tanto en internet como en libros he encontrado cosas fabulosas.

Así que cada derecho y cada revés de mi tejido va dedicado a los nobles y dedicados maestros del vestir, a quienes debemos tanta protección contra los elementos... y tantas deudas en la tarjeta de crédito.
(Con cariño para mi abuela, costurera y tejedora sin par. Sorry Conchis, los genes costureros no me llegaron.)
noviembre 20, 2009
Pare de sufrir
Leí por primera vez este poema en la secundaria, en la clase de inglés. Ah, cómo sufría Miss Dickinson... y cómo sufría yo. A esa edad ya me identificaba con el tono oscuro del poema... cuando todavía no sucedían los dos acontecimientos de los que habla. Emo de clóset antes de que los emos existieran. Después vendrían a mi vida esos dos terribles acontecimientos... y muchos, muchos más. Años de sufrir y sufrir... completamente de balde. De oquis. Sin necesidad. Por puro hobby, pues.
Claro que las penas duelen. Perder trabajos (en mi caso, la vocación de mi vida), perder amores, ver morir a seres queridos, padecer enfermedades... todas son cosas que duelen y mucho. Respeto totalmente el dolor de los demás y las formas en que lo enfrentan, pero en mi caso mío de mí, me doy cuenta de que en buena medida sufrí más de la cuenta. Aumenté terriblemente la proporción de las penas y las hice más pesadas. Y me quedé pegada en el dolor durante años, recordando, repasando, reviviendo.
Estoy convencida de que el dolor es adictivo. Sufrir es torcidamente agradable. Sufrir me hacía sentirme especial, diferente, superior. O eso creía. Perdí años en ese juego, años que nadie me va a recuperar. Peor aún, perdí a gente entrañable que simplemente se aburrió de tratar conmigo. E hicieron bien.
Entonces llegó la era del Prozac (“felicidad” en comprimidos) y me dije “Ah, como lo mío es depresión clínica, esta es la solución.” Error. No era depresión clínica, sino una simple neurosis bastante pedestre y de cajón, que yo solita me encargué de inflar a un tamaño ridículo. Nótese que estoy totalmente a favor de los apoyos médicos para tratar los desequilibrios emocionales, pero sólo un especialista lo puede determinar... nunca, nunca el propio paciente. Lo bueno fue que en busca de las milagrosas pastillitas llegué con un excelente terapeuta, psicoanalista de línea dura pero con gran oficio, quien me la cantó derecha, me guió sin ayudas químicas, me ayudó a quebrar la imagen que me había hecho de mi misma... y nunca acabaré de agradecérselo.
Han pasado ya años desde esos procesos. El camino ha sido largo, pero ahora veo claro. O por lo menos más claro que en mis veintes y mis primeros treintas. Insisto, perdí mucho tiempo y muchos afectos, pero hoy puedo disfrutar las grandes y pequeñas alegrías, y enfrentar las penas en su justa medida. Ni de más, ni de menos. Y ya no me siento nada especial, sólo feliz y agradecida.
Tic, tac, tic, tac. El tiempo corre. No estoy dispuesta a perder ni un minuto más.
"Que todos podamos ser felices y dejar de sufrir"
noviembre 16, 2009
The Big Apple is Big 3 y último
noviembre 10, 2009
The Big Apple is Big 2
Por ejemplo, del Soho bohemio y artístico de Warhol y compañía ya quedan sólo algunos estudios de artistas con mucho billete (y mucha visión) que compraron los antiguos lofts de los 70’s y aguantaron la decadencia del barrio en los 80’s. Ahora hay tiendas de H & M junto a las galerías, pero todavía se encuentran callecitas tranquilas en la zona.
Y todo esto lo aprendí de boca de los guías neoyorquinos, rudos y poco corteses... ¿o será también eso parte del encanto del tour?
noviembre 04, 2009
The Big Apple is Big 1
Las cosas han cambiado, y mucho. Sea lo que sea que hicieron los alcaldes Giuliani y Bloomberg, les funcionó muy bien. Nada de basura (casi nada), nada de calles peligrosas en el downtown y el midtown (vamos, ni siquiera en Harlem), y sólo vi un par de personas medio viviendo en la calle, aunque parece que sólo acampan durante el día para pedir dinero y por la noche (sinceramente espero) se van a casa o a algún albergue.
Esto es lo primero que vi de NY al aventurarme a las calles. Miércoles, 11 PM, a unos 5° C de temperatura ambiente y con un viento frío, frío:
Algo que me encantó fueron las mesitas y sillas que hay en los dos extremos de Times Square (y en otras plazas). Me senté a ver el beis con mi kebab y mi cocota (Diet Coke, please), junto con muchos turistas y locales por igual. La calle recuperada para la gente. La noche que ya es segura y disfrutable.
¿Recesión? Las hordas de turistas en toda la ciudad y las colas (¡colas!) para entrar a comprar a Abercrombie and Fitch me dicen otra cosa. Además, la tienda de Hershey's está atrás de la pantalla Morgan Stanley, así que con un chocolatito se endulza el trago amargo que nos hace pasar la Bolsa.
“...the city that never sleeps” cantaba el buen Sinatra. La energía de NY es tanta que al regresar al hotel por las noches, no podía dormirme antes de las 2 am. Considerando que me levantaba a las 6:30, es un milagro que no se me haya acabado la pila a medio viaje. Mi cámara no tuvo tanta suerte.
(Continuará... of course!)
octubre 25, 2009
Cariño sin fronteras
Mientras tanto, los dejo con esta ternura de video. El joven orangután y el perrito se conocieron casualmente, cuando el can (aparentemente perdido) entró en la reserva donde vive el pelirrojo simio, y desde entonces son inseparables. Me impresionó particularmente lo que comenta el director de la reserva al respecto de cómo comparten su comida los orangutanes con la gente, incluso parten en dos los dulces que les acaban de dar para compartirlos con los humanos. Y no se diga del chiquilín en cuestión, quien comparte su comida con el perro. No dejo de pensar que los animales nos dan enormes ejemplos de amor, tolerancia y compasión que pasamos por alto, creyendo que son simplemente conductas "monas". Éste y otros videos me hacen pensar que hay mucho, mucho más que eso detrás de estos amiguitos.
¡Pórtense bien y pásenla mejor!
octubre 19, 2009
En defensa de los nerds

Nunca lo he negado. Todavía soy súper nerd. De niña fui matadita en la escuela, nada fiestera, tranquilita y casera. Ávida lectora, amante de los temas científicos y la ciencia ficción. Leía el National Geographic y hacía book reports sobre libros de Asimov para las clases de inglés. Y mala, malísima para los deportes y los juegos pesados. Supongo que hay alguna relación, pero corríjanme si estoy en un error: en nuestros años escolares casi todos los “cerebritos” eran malos para las actividades físicas. Supongo que eso se quita con la edad, pues conozco adultos bastante “nerds” que son buenísimos para uno o varios deportes. Pero yo traje pegada la etiqueta de “cerebrito” durante años. Y las rodillas raspadas de tanto caerme con los malditos patines.
Pero eso de ser nerd tiene sus ventajas. Nunca tuve que hacer un examen extraordinario (bueno, sí, el de mecanografía en la secundaria. Pero la mecanografía es una actividad física, ¿no?). Llevar la boleta de calificaciones a casa era pan comido. Y no me aburría nunca, mientras tuviera algo que leer, aunque fuera la Sección Amarilla. Feliz a mi manera y en buena medida, sin las presiones sociales que tenían mis amiguitas que eran realmente cool.
Desde hace más de un año un compañero de trabajo (sesudo ingeniero) me recomendó ver el programa The Big Bang Theory. Me decía que se botaba de la risa con las ocurrencias de los personajes, ingenieros mega-geeks en alguna universidad estadounidense. Un sitcom más, pensé. Hasta hace poco se me ocurrió ver el dichoso programa, sólo porque no encontré nada mejor... y quedé fascinada. Los personajes son evidentemente caricaturescos, pero entre risa y risa me reconocí de inmediato: controladora, compulsiva, racional hasta el ridículo. Cliché tras cliché, todos me resuenan. Y me resuenan con una carcajada. Entre los nerds, como entre los mortales, el reírnos de nosotros mismos es una enorme, enorme ventaja.
octubre 14, 2009
No te conozco
Ahhh, ¡y la emoción de los reencuentros en vivo y a todo color! “¡No has cambiado!”... Oh sí queridos amigos, claro que hemos cambiado. Carreras, trabajos, matrimonios, divorcios, hijos, mudanzas, colores de pelo, ropita, creencias, intereses, enfermedades... la lista es interminable. Pero aún así, sigo viendo en ustedes buena parte de mis recuerdos. Borrosos, distorsionados. Dulcificados a veces. Exaltados o disminuidos. En ustedes veo lo que era yo cuando nos tratábamos de cerca. Algunas veces es lindo, otras no tanto. Y me pregunto cómo me ven ustedes... ¿pero importa eso, importa cómo los veo y cómo me ven, con este enorme filtro que es la memoria? Quiero, amigos míos, verlos como auténticamente son ahora, en este instante, no como quiero que sean. O como creo que deberían ser.
Nacha Guevara cantaba: “Ah, qué hermoso es el tiempo pasado, cuando la memoria lo ha empañado”. El pasado se ha desvanecido, el futuro todavía no está aquí, lo que necesitamos ahora es un hermoso tiempo presente.
octubre 06, 2009
La vida de los otros

Hace algunas semanas puse un widget de música en la barra de la derecha (por cierto, díganme si es muy irritante oírlo cada vez que me visitan, o si simplemente apagan sus bocinas). Me parece fascinante eso de hacer listas de música y conservarlas, pero cuando estaba cargando mi primera lista tuve que preguntarme ¿qué me gusta? Así, de plano. ¿Cómo se me pudo HABER OLVIDADO QUÉ MÚSICA ME GUSTA? De repente me di cuenta de que hace mucho que no pongo el radio con simple musiquita, y también mucho tiempo que no ponía mis CDs. De inmediato me puse a ver mi modesta colección y estoy tomando inspiración de aquí y de allá para armar el famoso widget. Pero, ¿en dónde había estado esa parte de mí? ¿Qué he olvidado de mí misma?
Concesiones. Eso es lo que hace uno al vivir en familia. O incluso en el trabajo. Límites, para no molestar, o simplemente para poder convivir. Miles de cosas que no decimos o no hacemos. Pequeñas celdas autoimpuestas. Y al mismo tiempo, vivimos en función de los otros. Trabajar para alguien, seguir las leyes, dar de comer a la familia, preocuparse aunque sea por una mascota. Ni qué decir de los padres y madres de niños pequeños, tiranos de menos de un metro que mueven el mundo con sus deditos regordetes. La vida de los padres gira en torno a los hijos. Supongo que en general las familias somos así. Los humanos somos así. Qué vamos (así, en plural) a hacer, dónde vamos a ir, qué vamos a comer. ¿Qué te gusta a tí?... yo me adapto... Lo que digas está bien... Yo te sigo... Como tú quieras. Una y otra vez.
Regresen ahora a donde dice “por cierto, díganme...” Je je, les pido a ustedes (los otros) que me digan qué hacer, incluso en este espacio. Oh. Shit.
La individualidad es fieramente defendida, incluso nos quejamos de que el mundo se ha vuelto egoísta, que sólo vemos el beneficio propio, el viejo "cada quién para su santo". Pero en la práctica, todos nos entregamos de una u otra forma.
octubre 01, 2009
Dead like me

Difícil es cultivar el humor cuando se ve la muerte de cerquita, en familia. Esa ha sido mi experiencia reciente. De nuevo me he enfrentado al dolor, no del que se va, sino de los que se quedan. Para quien fallece, por muy traumático que sea el momento de la muerte, también éste pasa. Y rápido. “Esto también pasará” decía Siddharta Gautama, el Buda histórico, al referirse a los dolores más grandes que puede experimentar el ser humano. Como el dolor de la propia muerte, o peor aún, el dolor de una madre que pierde un hijo. Esto también pasará. Pero esta afirmación es dura de creer y aún más dura de digerir.
Todas las tradiciones religiosas nos dan alguna explicación. Supongo que las escuelas filosóficas también. Pero si volteamos la tortilla... ¿quiénes son los muertos?, ¿quiénes son los vivos?, ¿la vida humana se reduce a un trazo de ondas cerebrales?, ¿qué dirán mis ondas en este instante?, ¿quién o qué decide el verdadero momento de la muerte?, ¿y en serio, en serio, pero de verdad... estás vivo?
septiembre 29, 2009
Cosas de peso
Así que en lo que pongo en orden mis ideas y escribo como debe de ser, los dejo con el robusto y talentoso Meat Loaf, a quien eso del drama se le da muy bien.
septiembre 21, 2009
Pregúntenme cómo estoy...
Si me hubieran preguntado hace algunas horas, la respuesta hubiera merecido un beeeep de censura. Ahora ya está mejor la cosa.
Abrí mis ojitos esta mañana a las 5:15 a.m., sin razón aparente. Como que algo estaba raro. Se fue la luz, pero no del todo, había un bajísimo voltaje. Me levanté y recorrí la casa desconectando cosas. Me volví a dormir a medias hasta las 7, hora en que nos levantamos. Y no había agua, porque la bomba había tronado con el bajo voltaje. Nunca se me ocurrió desconectarla.
De ahí en adelante casi todo el día fue una sucesión de pequeñas tragedias domésticas y laborales. Desde el cliente que decidió que le urgía un trabajo que estaba programado para entrega posterior, con las consiguientes carreras para cumplirle, hasta las colas en Telmex para pagar un teléfono foráneo que cuando traté de pagar con una tarjeta de débito el “sistema” (término que designa a los dioses iracundos de todos los cajeros) la rebotaba una y otra vez.
Tropecé con un cable en la oficina y casi tiro un aparato. Tomé un triste pimiento en el súper y se me vino encima media caja de redondos y escurridizos congéneres del mismo. Vaya, hasta pisé caca de perro. En serio...
Para esta hora ya tengo luz pero no tengo agua. Cumplí con el trabajo urgente y otros más, hice la comida a tiempo para acomodar las tareas extras de la tarde, a fin de cuentas sí pude pagar el teléfono. Y ya no se me cayeron las cosas.
Esta misma madrugada, antes de apagones y demás sucesos, tuve un sueño peculiar. Andaba para variar corriendo por todos lados y me caía en unas escaleras anchas y de escalones bajos, que estaban mojadas y resbalosas. Aparecía mi mamá y sonriente me decía “estás 90% hostia” y la frase me hacía tanta gracia que empezaba yo a carcajearme y no me podía parar.
Lo de “hostia” lo tomo como la exclamación que hacen los españoles. Mi interpretación es algo así como “estás 90% torpe, así que mejor relájate”. Y sí, el día lo confirmó.
Así que hago caso del siguiente consejo, en la impronunciable lengua checa:
“No te tomes la vida demasiado en serio”. Sobre todo en los días en que está uno 90% hostia.
El viernes 18 por la noche, en un país lejano, murió un sobrino político mío, a quien no llegué a conocer personalmente pero por quien guardaba afecto. Un joven de 20 años. Miembro de una familia que ha recibido golpe tras golpe durante años. Esto me pone todo, realmente todo, en perspectiva. En especial la frase de arriba.
septiembre 15, 2009
Tres colores
Identidad nacional. Sólo una etiqueta, a veces útil, a veces limitante. A veces, francamente ridícula. Si vemos las fotos de las primeras damas de la nación, invariablemente aparecen con rebozos en los actos oficiales, principalmente cuando reciben a dignatarios extranjeros. Sí, sí, los rebozos son lindos (yo misma tengo un par que son herencias de familia), pero, señoras-consortes-de-presidentes, NO es necesario que los usen a fuerza. Y ya no hablemos de los trajecitos típicos que de repente lucen (remember Martita?).
¿Y qué hay de nosotros, ciudadanos de a pie? ¿Por ser 15 de Septiembre TENGO que cenar pozole, si no no soy mexicana? De nuevo, me encanta el pozole, pero para comer, no para cenar. Y menos después de las 11 de la noche (no se ustedes, pero siempre que me invitan a una noche mexicana me han servido la cena después de la ceremonia del grito. Por lo que me veo obligada a aplacar el hambre con papitas, cacahuates y tequila. Muy poco sano.)
Y están otros temas más escabrosos. A veces la “identidad nacional” está definida por nuestra capacidad de hacer desmadres, de improvisar y de salir del paso como sea. O peor aún, esta “identidad” todavía está marcada por las películas de charros con pistola, grito y borrachera obligada, con su indisoluble carga de machismo. O por los temas de los narco-corridos, la corrupción, el valemadrismo y la ineptitud.
¿¿Por qué demonios todavía venden "artesanías mexicanas" con la imagen de un tipo dormido, recargado en un cáctus y con el sombrerote sobre los ojos??
Quizá exagero. Quizá no. Quizá mi visión está obstruida por las noticias que leo en el periódico. Sé que México es más que actitudes retrógradas (la imagen de la canasta de cangrejos viene a mi mente) y falso patriotismo, pero cuesta trabajo verlo cuando salgo a la calle y veo (sufro) la basura, la indolencia... y la violencia.
Por eso, este 15 y 16 de Septiembre celebro a mi patria sin poner banderas, pero haciendo lo que mejor sé hacer: trabajando.
septiembre 10, 2009
Al mal tiempo...
Hoy no amanecí de humor. De hecho, alcancé mi nivel de incompetencia desde las 9 a.m. y no hubo manera de cambiar las cosas. Ni con tres cafés. Diablos.
Pensé que me alegraría ver a este par de monadas...
...Pero nada.
Temo que hoy estuve mas en sintonía con el bloggero que les dice sus verdades a los animalitos lindos.
En fin, mañana será otro día. Creo.
septiembre 01, 2009
Crónica de una dieta anunciada 4 - Los resultados

Lo que me gusta de todo este proceso es que he cambiado mis hábitos desde lo profundo, no como una serie de medidas de emergencia ante mi incipiente obesidad sino como un nuevo estilo de vida. Me descubro llenando mi plato de ensalada y verduritas cocidas, evitando los alimentos excesivamente grasosos y disfrutando de las caminatas espontáneas cuando se me presenta la ocasión.
Y hay un beneficio adicional, que se agradece enmedio de esta recesión económica: estoy recuperando ropa que había guardado en las entrañas de mi clóset "para cuando baje de peso". Pues no he bajado tanto de peso, pero mis medidas ya son otras, así que ya estoy usando diversa ropa que estuvo guardada durante años (¡años!). Vamos, hasta recuperé un par de zapatitos de hace no menos de 10 años, que seguramente me puse unas tres veces y luego tuve que guardar porque... sí, hasta los pies engordan.
Ahh, interesante historia la de estos papos: primero, sobrevivieron quién sabe cómo a mis periódicos ataques de “regala-lo-que-no-te-has-puesto-en-cierto-tiempo". Además, son Gucci, de la época en que alguna excelente fábrica de zapatos mexicana tenía la licencia de esa marca y producía los modelos internacionales, incluyendo una muy cómoda línea de "medio tacón” (como decía mi amá) para las oficinistas de vida activa, a precios bastante razonables. Yo tenía colección.
Maldita inflación, recesión y depresión. Recuerdo que en mis años de secundaria y prepa usaba camisitas de Lacoste originales, y mi mochila alguna vez fue un bolso de LeSportsac. Y juro que éramos (somos) de familia modesta, simplemente sí se podían comprar esos artículos. Ahora que han vuelto esas marcas a México me doy vueltas por sus boutiques y me infarto: los precios son altísimos. De la misma manera, parece mentira que pasé la mitad de mi vida laboral calzando Gucci. Y ahora sólo un par sobrevive.

Lo que no sobrevivió fue mi vestidito negro, esa mítica prenda que saca de apuros a la hora de los compromisos de última hora (o agendados). Con el entusiasmo de haber entrado cómodamente en mis jeans favoritos me puse a buscar el vestidillo que me hizo pasar una noche terrible en una cena (o comía o respiraba, no podía hacer ambas cosas so pena de tronar el cierre) para ponérmelo y vengar mi honor... y nada. La petite robe noir había sido víctima de un arranque de coraje por los kilos de más y ahora languidece en algún ropero ajeno. Mademoiselle Chanel debe estar lanzándome una mirada reprobatoria desde el más allá.
agosto 26, 2009
Supermercado espiritual

En el camino me he encontrado con todo tipo de maestros, "maistros" y escuelas. Desde los pseudo-gurús que afirman canalizar a alguna entidad trascendente hasta gente que realmente se ha dedicado a estudiar a fondo estas disciplinas, el supermercado espiritual es amplio, surtido y confuso. A lo mejor voy a decir una barbaridad, pero yo incluyo en esta oferta los métodos de desarrollo personal, las medicinas alternativas y las religiones emergentes (y las tradicionales también). En varias publicaciones hay páginas enteras dedicadas a anuncios que van desde clases de Yoga y programación neurolingüística hasta medicina cuántica (lo que sea que eso signifique), masajes holísticos, las profecías de los cráneos de cristal y la activación de la glándula pineal (que es la epífisis, pero ese nombre no vende).
Y aquí viene mi dilema: en mi variopinta familia tengo desde psicólogos hasta terapeutas alternativos, pasando por católicos guadalupanos de hueso colorado y yo misma, que tiro más al budismo que a otra cosa. Habiendo pasado por una buena dosis de terapia psicológica tradicional (oootra historia) ya estoy bastante curtida en esto de escoger sistemas de sanación y creo haber desarrollado un sano escepticismo, pero de repente me doy de topes con las búsquedas espirituales-mentales-psicosociales de mi familia. Ante todo los respeto, pero no dejo de externar mis opiniones.
Peco de minimalista, pero resumo mi punto de vista en lo siguiente: si necesito ayuda para superar una enfermedad, o una depresión, o un estancamiento emocional, quiero que esa ayuda haya sido probada y comprobada, y que no me vaya a generar una dependencia. No puedo depender de un Lama, ni de un terapeuta, ni de un objeto o una sustancia, por muy sana que sea. La única excepción que haría sería tomar un medicamento o suplemento de por vida (insulina, por ejemplo) para tratar un padecimiento crónico. Pero he encontrado que muchos sistemas espirituales, de sanación física y/o de desarrollo humano generan dependencia ya sea a una persona o a una cosa. Así, un vil objeto puede convertirse en el único refugio. O cuando es una persona, se pueden generar tragedias (James Jones, Waco y los davidianos, incluso Charles Manson).
En el widget de música que puse en el blog hay una canción de Alan Parsons Project que se llama “There but for the grace of God”. Originalmente viene en un disco llamado Freudiana, el cual apenas vengo descubriendo. Una de las líneas dice "we dream of dreams that hold the key": soñamos con tener sueños que nos den la clave. Soñamos que una ilusión nos resuelva la vida.
Todos los seres queremos ser felices y dejar de sufrir. Pero hasta la felicidad se tiene que buscar con sabiduría.
agosto 17, 2009
Freak show
Pero en una nota más ligera, me encontré por ahí con el sitio Cake Wrecks, o lo que es lo mismo, pasteles horrendos. He aquí algunas muestras:
Por ejemplo, fulanito y zutanita se comprometen en matrimonio y para festejarlo, invitan a sus íntimos amigos a una cena que culmina con...
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Unos meses después, la flamante esposa anuncia la llegada de un bebecito, y para el baby shower a alguien se le ocurre poner...

El sitio tiene decenas si no es que cientos de ejemplos de pasteles hechos por profesionales (o amateurs que cobraron por sus obras) y que retan todo concepto de buen gusto... y el apetito del más plantado. Nada más hay que darse una vuelta por la barra de Categories y Favorites.
También hay ejemplos de pasteles super creativos y bien ejecutados, pero no cabe duda de que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones.
¿Gustan un cafecito para acompañar su pastel?
agosto 12, 2009
Wanderlust

Otra cosa es irse. Irse de la casa, de la ciudad, del país. Irse por un motivo u otro, pero dejar atrás algo y no saber con certeza si se va a volver. Irse por buenas razones... o porque no hay de otra. Hace algunos meses (wow, más de un año en realidad) nos enfrentamos en familia con la disyuntiva de cambiarnos de casa o no, cambiarnos de ciudad o no, cambiarnos de país o no. Para mí, wanderluster de sillón, una cosa es salir de casa con una maleta, sabiendo (confiando) en que voy a regresar algún día a mi vida rutinaria, y otra es cargar con los contenidos de la casa entera y enfrentarme a la incertidumbre del futuro. Y vueltas más o vueltas menos, en esas andamos todavía. Nuestras prioridades han cambiado y nuestros intereses también, incluso nuestros destinos geográficos potenciales, pero de que nos vamos, nos vamos. ¿Cuándo?, depende de muchas cosas, entre ellas de la economía doméstica y mundial. En gran medida, nuestro destino está en las regordetas manos de Carstens et al.
Cambio. De casa, es un hecho. De ciudad, quizás. De país, quién sabe. En serio, quién sabe... y esas dos palabras, para una control freak como yo, son aterradoras.
Ahhh, y está el tema de la mudanza. Cuando llegamos a esta casa y esta ciudad, tras coordinar las mudanzas simultáneas de tres departamentos y una oficina, juré y perjuré que no quería volver a empacar cositas en una caja de cartón en muchos años. Soy capaz de regalar mis pocos platos y vasos antes que tener que envolverlos en múltiples capas de periódico y confiar en que llegarán de una pieza al siguiente domicilio. Viví en la misma casa durante 30 años, y luego mis estancias en otras casas han sido más o menos largas, de ahí mi resistencia al cambio. Viajes, los que quieran. Mudanzas, déjenme pensarlo.
Impermanencia. El cambio es lo único seguro en esta vida. No sé para cuando las necesite, pero si tienen unas cajitas de regular tamaño, guárdenmelas por favor.
(Foto: Monumento a Cristóbal Colón, Benalmádena, España. Un barco. De piedra. Ah, la ironía.)
agosto 05, 2009
Lo que he aprendido aquí

1.- Hay mucha, mucha gente que escribe bien. Muy bien. Realmente bien. Algunos son escritores cultivados, otros son amateurs de la pluma (¿la tecla?), otros no pretenden ni lo uno ni lo otro, pero de que hay talento, hay talento.
2.- La ortografía y la gramática no han muerto (loados sean los dioses), pues esos buenos escritores las cultivan sin demeritar su creatividad. El idioma evoluciona, y sin tener que llegar al dialecto mecánico del SMS (“k pdo?”), las voces de los bloggers tienen personalidad y en muchos casos gran elegancia.
3.- También hay excelentes fotógrafos, diseñadores, artesanos, etc., que sin dedicarse profesionalmente a las artes tienen el don del buen ojo y el buen gusto. Y no necesitan equipos sofisticados, con una camarita de celular basta en muchos casos.
4.- Es enorme la cantidad de gente que tiene cosas interesantes que decir, y que tiene el talento para transmitir su emoción en un medio tan frío como podría ser el teclado y el monitor. Sea que escriban de política o de cocina, que sólo escriban unas líneas, publiquen una foto o se avienten un tratado, si el blogger tiene algo interesante que decir, tendrá un lector.
5.- Casi todos los humanos tenemos el gen voyeur. Aún cuando estamos inundados de información, sigue siendo irresistible el asomarse a la vida privada de los demás. Y si es de manera anónima, mejor. Por supuesto, también cedemos ante nuestro gen exhibicionista, al sacar nuestros trapitos al sol en este medio.
Ejemplos hay muchos. De hecho, eso es lo que más me sorprende: la explosión de creatividad que desborda el ciberespacio día a día, minuto a minuto. Hubiera llenado de links esta entrada si pongo los blogs que me inspiran, las galerías de fotos que me sorprenden, los posts que me han conmovido. Sólo vean su propio blog, sus propias ideas, sus propias obras. Y si no tienen blog como tal... ¿a poco no traemos un blog mental donde escribimos e ilustramos nuestra propia historia?
Después de todo, estos homo sapiens sapiens tenemos esperanzas...
julio 28, 2009
Penélope, Inc.

Y ya lo saben: la idea de la mujer que teje y desteje su labor durante veinte años ha trascendido como modelo de fidelidad conyugal hasta la fecha.
Pero yo tengo otra teoría:
Para mí que Penélope era adicta al tejido, y como las fibras eran escasas, pues a destejer a labor para no quedarse sin su fix diario de estambre. Digo, no creo que la vida en Ítaca fuera muy emocionante, pero tampoco era cosa de andar de locota con los pretensos mientras el marido estaba fuera...
Como ya lo comenté en un post anterior, me he vuelto aficionada al tejido. Adicta, más bien. Parece que la labor mecánica y repetitiva de mover las agujas una y otra vez, aunada a la satisfacción creativa de ver una bola de estambre transformarse en una prenda, resulta sumamente benéfica para el cerebro. Por lo menos eso es lo que concluyo al ver la cantidad tan enorme de aficionada(o)s al tejido a nivel mundial. Créanme, somos, como se dice en chino, un xingo.
¿Puras abuelitas que tejen chambritas para sus nietos? Hmmm, no exactamente. Hay abuelitas, abuelitos, mujeres ejecutivas y amas de casa, hombres barbados y bien rasurados, jóvenes universitario(a)s, científico(a)s... Sobre todo, y lo que más me sorprende, hay un montón de mujeres jóvenes de todas las nacionalidades imaginables, súper modernas, que lucen melenas azules y rosas, tatuajes, botas de nunca-me-verás-descalza... y que tejen como diosas.
¿Puras bufandas y suetercitos? Nop. Nomás chequen esto:

Y todo se reduce a una fibra cardada, un par de agujas o un gancho y muchas ganas.
(Con cariño para la comunidad de Ravelry y anexas, quienes me han recibido con tanta calidez)
julio 22, 2009
Mi madre, esa desconocida

Tuvo etapas de tauromaquia, nacionalismo, rebeldía e internacionalización. Trabajó desde los 14 años y se jubiló con honores. Usó jeans antes que nadie y hasta pocos días antes de su muerte. Y en su juventud, vestidos de fiesta con tules y flores de seda que ella misma se hacía.
Muy noviera y amiguera, pero leal y discreta. Tanto, que las amistades le duraban toda la vida y las ahora-esposas de sus ex-novios acababan siendo sus amigas.
Con el pelo largo y ondulado y su aventajada estatura de 1.70, de joven tenía un aire de María Félix sin ceja levantada.

Y algo de ella siempre fue un misterio. Hermoso misterio.
Cinco años sin tí. Pero sigues conmigo, sin ataduras, con la misma libertad que siempre me otorgaste. Gracias por siempre.
julio 14, 2009
Back to the 80's
Supongo que por la vocación barroca que heredamos de nuestros antepasados ibéricos, todo lo que sea recargado, brillante y apantallador nos llama la atención. Admítanlo chicas, las mujeres mexicanas llevamos una diva ochentera muy adentro y a veces sale en forma de flecos estilo tubo de PVC (cepillo redondo, secadora y spray indispensables), colores de rómpeme-la-retina y pantalones pegadísimos. Aún quienes no vivieron esa época tienen arranques ochenteros, si no, ¿cómo se explica que aún existan enormes piezas de joyería de fantasía en colores neón?, ¿o el hecho de que el spray para pelo Aqua-Net siga vendiéndose?
Algunas de mis amabilísimas lectoras expresaron su horror ante un breve comentario que hice en otro post sobre el regreso de las hombreras, un bastión de la moda ochentera. Pues sí, lo afirmo y lo confirmo. Las hombreras regresan. He aquí las pruebas:



La galería completa la encuentran por aquí. Quizá no se vean tan mal en un traje de diseñador y un cuerpecito como el de Milla Jovovich, pero temo que las versiones más populares en cuerpos más comunes no van a ser tan armónicas.
Y para verlas en todo su esplendor, aquí está un link nostálgico que nos remonta a los tiempos de Reagan, la serie Dinastía y las lentejuelas al por mayor.
En palabras de Amy Winehouse: "I say no, no, no".
julio 08, 2009
Eterna fregadera
El punto de referencia siempre es el Oxxo más cercano a nuestro destino, con la salvedad de que hay Oxxos casi cada dos cuadras. Los nativos siempre dicen "no, si es bien fácil llegar" y los fuereños nos damos unas perdidas épicas en estas calles que nunca son rectas.
Los conductores de transportes públicos son una joya. Unas joyitas, más bien. Desde los taxistas que creen que son lo máximo porque evitaron un semáforo dando enormes rodeos, hasta los choferes de microbús que hacen ver a sus contrapartes defeñas como portentos de habilidad y buenas maneras.
Por aquí, a los tacos de guisado les dicen “acorazados” y hay restaurantes que orgullosamente anuncian “caldos de gallina estilo D.F.” Hay pasión por las tortillas hechas a mano y las cervecerías con vasos de a litro. Tenemos Liverpool y Starbucks, así que nos creemos ya del primer mundo. Cómo no...
Los fines de semana en centros comerciales y supermercados me divierto detectando a chilangas y chilangos visitantes: traje de baño visible bajo el top, chanclas playeras, shorts aunque la temperatura no lo amerite... Nos dicen “Cuernavaca” y automáticamente pensamos en sol y alberca. No siempre es así. Hay lluvia, viento, nublados persistentes y otras cosas menos naturales. Basura, mucha basura. Crimen. Impunidad. Casas a medio construir. Huelgas interminables de maestros. Más basura...
Y sin embargo las buganvilias siguen ahí, junto con las palmeras, las jacarandas, los pájaros que alborotan la tarde al irse a dormir. Iguanas que cruzan la carreteras del sur, conejos en el bosque del norte, tardes de domingo con globos y esquites en el Zócalo. Balcones llenos de flores en callecitas románticas, comercios añejos que desafían la economía, iglesias coloniales a pasto. Hay fregaderas, sí, pero también hay atardeceres que quitan el aliento. Y cuando vengo por la autopista ya cerca de la Pera y veo el valle de Cuauhnáhuac iluminado por el sol, con el Tepozteco a la izquierda y la pequeña gran ciudad a la derecha, siempre digo “hola Cuerna, ya llegué a casa”.
(Fotos: Vistas del Centro Histórico. Es rico ir de safari fotográfico.)
julio 01, 2009
Elogio de los 40
En Junio fue mi cumpleaños, en medio de moderadas crisis de salud en la familia, cambios de estilo de vida, ejercicio, dieta, nuevas pasiones y una sana incertidumbre sobre el futuro. Suficientemente joven para atreverme a hacer nuevas cosas y suficientemente experimentada para saber qué evitar. He visto la muerte y el retorno de las minifaldas, los pantalones acampanados y/o a la cadera, los colores neón y las hombreras (sí, ahí vienen de nuevo). Siempre he oído hablar de “la crisis”, desde el Jolopo hasta Calderón, y ya ni me acuerdo cuántas devaluaciones me han tocado.
Estoy convencida de que esta es la mejor etapa de mi vida, aún con mi dependencia al tinte de cabello y los lentes bifocales (de transición, para que no se note tanto), que conviven con los tardíos barritos que no tuve a los 15 años. Muy a gusto con mi edad, pero no veo la necesidad de que el mundo me vea con la cabeza llena de canas. Creo que voy a seguir el ejemplo de mi madre, quien al retirarse de la vida laboral se dejó de pintar el pelo y disfrutó su jubilación luciendo su cabellera plateada y sus jeans de toda la vida. Pero sólo al retirarse. En cuando a los lentes, en la oficina uso los bifocales, pero encuentro cierto placer en sacar mis modernos lentecitos de lectura en las tiendas o los transportes, colocarlos sobre mi nariz y poner cara de señora cool.
Mi maestro de budismo siempre nos recuerda el tema de la impermanencia. Todo cambia y se transforma. Jóvenes ayer, viejos mañana... y el hoy se nos va como arena entre los dedos. Nos dice que nada, realmente nada nos garantiza que seremos unos viejitos lindos como Sara García.
Pues yo estoy haciendo lo posible hoy, a mis cuarenta y tantos años, para llegar a los sesenta como Helen Mirren.
No es tanto el cuerpo, todo empieza (y acaba) en la mente.
(¿Con esta confesión de edad habré perdido lectores veinteañeros? Hmmm... si supieran lo que les espera en los treintas... mwahahahah!)
junio 23, 2009
Deep Blue Fear

Y entonces llegué a un gimnasio que tiene una linda, clara, tibia alberca semiolímpica con profundidad máxima de 1.55 m. ¿Genial, no? No. La neta, yo soy capaz de ahogarme en 1 m de agua si me agarran descuidada.
Ya saben para dónde voy. Estoy tomando clases de natación. Mi adorado tormento tuvo a bien regalarme de cumpleaños tantas clases como sean necesarias para que aprenda a nadar. Esto ha resultado un tour de force, un psicoanálisis acuático, un viaje al centro del miedo. Resulta que lo mío no es un miedito común, ah no, es toda una fobia a la piscina. Hay clases en que no logro despegarme de la mano de mi increíblemente paciente instructor, en otras puedo hacerlo pero trato de llegar a un punto de apoyo con enorme desesperación. Tablas y cilindros para flotar, ejercicios de brazadas caminando, flotar de muertito (muertita de miedo) sostenida por el instructor. “Lánzate, como si volaras, yo te ayudo a salir” me dice él. Nel, dice mi subconsciente. Y así lo repetimos una y otra vez, algunos días se puede, otros no. Ya hago bucitos, eso sí.
Desde la primera clase el instructor se dio cuenta de que yo era un caso difícil, incluso estuvimos analizando si había yo tenido alguna mala experiencia con el agua. Que yo recuerde, sólo una vez, en el mar, cuando andaba con unos amigos y a todos nos revolcó una ola inmensa, aunque estábamos cerca de la playa, con los pies firmes en la arena. Nos costó mucho, mucho trabajo salir del agua. ¿Sería eso, o es algo más profundo? Debe ser algo anterior, porque aún antes de ese incidente el miedo ya estaba ahí.
“Lánzate, lánzate” Una y otra vez. A veces mi mente se lanza y mi cuerpo se resiste, paralizado por el miedo. A veces se lanzan los dos. A veces (ahora) veo la alberca aunque esté en tierra y me digo lánzate, lánzate.
(Con enorme agradecimiento a todos los que me apoyan en este reto, uno de los más grandes de mi vida. No shit.)
junio 17, 2009
Lost in Translation 5 - Realmente perdidos
La cadena de trabajo es a veces muy larga, pero a veces es trágicamente corta.
Es común el cliente que no habla ni lee el idioma al cual necesita traducir su texto y que no cuenta con nadie que lo revise (o no quiere pagar el servicio), así que la orden para el traductor es "tu traducción es final". Eso quiere decir que el traductor tiene la responsabilidad de que el texto sea perfecto. Así, per-fec-to, aunque el texto en el idioma original no lo sea. Y qué decir de los impresores, esos se cuecen aparte. Lo que les entregas lo imprimen tal cual, a fin de cuentas, ese es su trabajo... y nada más.
Me imagino que un caso de cadena de trabajo trágicamente corta, combinada con la indisposición del traductor y un cliente ansioso por sacar a la venta su producto llevó a este épico, costoso y descorazonador error:

¿Muy apurados para imprimir el empaque? Aquí están las consecuencias, tanto en el nombre del producto como en la descripción en letras más pequeñas. Spanish Nowhere!
Ahora, si hubo por ahí un hispanohablante que casualmente vio la barrabasada antes de la impresión y no dijo nada... qué mala leche, me cae.
junio 09, 2009
I want a new drug
