marzo 09, 2009

Crónica de una dieta anunciada

Estoy a dieta. Más bien, estamos a dieta mi esposo y yo. Y además, nos inscribimos en un gimnasio y nos armaron un gran programa de ejercicio para bajar chorrocientos kilos y fortalecer nuestros respectivos corazoncitos. Ya no es por vanidad, sino por salud y economía: él tiene los triglicéridos altísimos y yo no quiero ni hacerme análisis, además de que me niego a comprar ropa nueva en medio de esta crisis económica, mientras mi sección del closet con la “ropa que guardo para cuando baje de peso” se llena cada vez más.
Para mí la experiencia no es nueva, ya he estado a dieta bajo supervisión de una nutrióloga y me ha funcionado muy bien, lo que me mata es la falta de ejercicio. Mi esposo es otra historia, es la primera vez que se pone a régimen estricto y la verdad la está sufriendo... incluso desde que hicimos la lista del súper. Qué digo, la está sufriendo desde la consulta con la nutrióloga, cuando le pidió que redujera su consumo de café a una sola taza al día y el yogur (natural) a apenas media taza de vez en cuando. Para no extrañar tanto el cafecito mi adorado tormento se compró como ocho tés diferentes, de los cuales 6 son variedades de té verde, el preferido por los nutriólogos hoy en día. También le pone un tanto nervioso la simple idea de que su cena va a ser media (¡media!) chapata con pechuga de pavo. Que ni se queje, porque mi desayuno fue medio bisquet integral con queso cottage y harto té, y mi cena va a ser la otra mitad de su chapata.


Ahora va mi queja: ¿por qué las mujeres aceptamos estoicamente las dietas y los hombres pegan de gritos cuando les quitan las papitas y la cerveza? La verdad nuestros respectivos planes no están taaan violentos, pero la sola idea de “estar a dieta” lo pone de mal humor. Sí, ya sé que a cualquiera lo pone de malas estar a dieta... pero es eso o un infarto. Y eso va para mí también, considerando que las enfermedades cardiovasculares se están incrementando alarmantemente entre las mujeres. Así que pásenme la lechuga, por favor.

(Foto: tomada por mí. ¿Ya vieron el tamaño de esos palmitos?)

3 comentarios:

FerGil dijo...

Pobre de tu marido... y pobre de mí, que le voy a tener que hacer compañía de dieta. Ugh... no sé por qué las mujeres toleran más fácil esto, pero yo en lo personal, jamás he logrado (o siquiera intentado) hacer una dieta real... pero siempre llega esa fatal primera vez. Y si, ya me llegó.

So dijo...

Para mi esposo tambien es super dificil. A mi tambien me cuesta, la verdad, pero no tengo gustos tan pecaminosos como el. :)
comer poco más seguido me ha funcionado aunque hay que tener mucho cuidado con las porciones. En la comida principal se me va el calculo y ahi es donde la riego. Suerte!

Kishiria dijo...

a mi lo que me pega es la falta de harinas...

cuando un ser humano empieza una dieta entra el "animal interior" que exige sus cantidades de alimento necesarias y que despues de unos dias de dieta nos hace sufrir el "hambre feral" es horrible

y si, para los hombres es imposible hacer dieta... quiens abe porque

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