noviembre 10, 2009

The Big Apple is Big 2

Me encanta tomar las versiones locales del Turibús que encuentro en las ciudades que visito. Particularmente busco los tours donde se puede uno bajar y subir en las paradas establecidas, ya que por lo general los aprovecho también de transporte. Hay que desquitar el precio. NY no fue la excepción y tras comprar un pase de 48 hrs para el bus turístico, aproveché cuanto momento tuve libre para recorrer la ciudad. Tomé un tour nocturno que me llevó al sur de Manhattan y pese al viento helado, permanecí en la parte superior (abierta) del autobús... congelándome de lo lindo y exprimiendo las pilas de mi cámara.

Los guías son a veces muy buenos y a veces no tanto. Lo que se agradece es el cúmulo de información que brindan, desde los datos históricos acerca de la ciudad, hasta los detalles de su vida personal (como el guía que es judío pero asiste a un servicio ecuménico de Año Nuevo en una gran iglesia episcopal). Lo que me quedó grabado es la importancia del comercio marítimo en la fundación de la ciudad y cómo los barrios fueron conformándose a partir de zonas de bodegas, casas para trabajadores de los puertos, zonas de negocios donde las aseguradoras eran las que regían todo... hasta llegar a la distribución actual de NY, la cual sigue cambiando.
Por ejemplo, del Soho bohemio y artístico de Warhol y compañía ya quedan sólo algunos estudios de artistas con mucho billete (y mucha visión) que compraron los antiguos lofts de los 70’s y aguantaron la decadencia del barrio en los 80’s. Ahora hay tiendas de H & M junto a las galerías, pero todavía se encuentran callecitas tranquilas en la zona.

Además, tomé un tour tempranero (8:30 am) y en esa ocasión el detalle curioso que aprendí fue la división de clases entre los habitantes del Upper East Side (el lado de Central Park que da a la 5ª avenida) y el Upper West Side (el lado de la 8ª avenida). En la Quinta vivían (viven) los ricos que heredaron sus fortunas. Gente que, en algunos casos, no ha trabajado un día en su vida. En el lado oeste viven los ricos que han hecho sus fortunas, entre ellos actores y músicos. Ahí está el edificio Dakota de triste memoria y donde todavía vive Yoko Ono, y otros hermosos edificios donde Glenn Close puede encontrarse a Jerry Seinfield cuando salen a pasear a sus respectivos perritos. Y en algunos de esos maravillosos lugares aún hay departamentos con rentas congeladas. Una pareja de venerables viejitos que han vivido ahí 40 años puede estar pagando 800 usd al mes por un super depto, mientras que un inquilino nuevo debe pagar 10,000. Y ese es un buen precio para la zona.El terreno es tan caro y la densidad poblacional (y comercial) es tan alta en Manhattan que existe el concepto de Air Rights, literalmente el pago de derechos por el aire encima de las construcciones chaparritas, un espacio particularmente valioso cuando están cerca de construcciones grandes. Ví propiedades de dos pisos en esquinas muy solicitadas (al lado de Macy’s o de un complejo de oficinas) que están rodeadas por dos de sus lados y por arriba por el edificio contiguo. Los dueños cobran por construir por encima de sus cabezas. Proezas de la ingeniería y los negocios.
Y todo esto lo aprendí de boca de los guías neoyorquinos, rudos y poco corteses... ¿o será también eso parte del encanto del tour?
(Y en la próxima entrega: The not so mighty dollar)

noviembre 04, 2009

The Big Apple is Big 1

Hice un intenso y rápido viaje a Nueva York, con el fin de asistir a una convención... y por supuesto aproveché de re-conocer la ciudad. Hace muchos, muchos años visité NY junto con una gran amiga y quedé fascinada, pero también un tanto decepcionada de ciertos detalles. Recuerdo que caminábamos por la 7ª Avenida y si se nos ocurría dar vuelta en alguna esquina al azar, a veces nos encontrábamos con callecitas de miedo. Había mucha gente sin hogar y basura por doquier, sobre todo después de la hora del almuerzo. Eso sí, disfrutamos de los museos y las atracciones de rigor.
Las cosas han cambiado, y mucho. Sea lo que sea que hicieron los alcaldes Giuliani y Bloomberg, les funcionó muy bien. Nada de basura (casi nada), nada de calles peligrosas en el downtown y el midtown (vamos, ni siquiera en Harlem), y sólo vi un par de personas medio viviendo en la calle, aunque parece que sólo acampan durante el día para pedir dinero y por la noche (sinceramente espero) se van a casa o a algún albergue.

Esto es lo primero que vi de NY al aventurarme a las calles. Miércoles, 11 PM, a unos 5° C de temperatura ambiente y con un viento frío, frío:

Gente, gente, gente. Tiendas abiertas aún a esas horas, carritos de hot dogs y shish kebab son la elección para una cena (o post-cena) rápida... y la Serie Mundial a todo lo que da en la pantalla de Times Square, que se pierde entre los anuncios luminosos y otras tremendas pantallas que pasan comerciales una y otra vez. Me sentía en una escena de Blade Runner, nomás faltaba el dirigible en el cielo.
Algo que me encantó fueron las mesitas y sillas que hay en los dos extremos de Times Square (y en otras plazas). Me senté a ver el beis con mi kebab y mi cocota (Diet Coke, please), junto con muchos turistas y locales por igual. La calle recuperada para la gente. La noche que ya es segura y disfrutable.


¿Recesión? Las hordas de turistas en toda la ciudad y las colas (¡colas!) para entrar a comprar a Abercrombie and Fitch me dicen otra cosa. Además, la tienda de Hershey's está atrás de la pantalla Morgan Stanley, así que con un chocolatito se endulza el trago amargo que nos hace pasar la Bolsa.


“...the city that never sleeps” cantaba el buen Sinatra. La energía de NY es tanta que al regresar al hotel por las noches, no podía dormirme antes de las 2 am. Considerando que me levantaba a las 6:30, es un milagro que no se me haya acabado la pila a medio viaje. Mi cámara no tuvo tanta suerte.
(Continuará... of course!)

octubre 25, 2009

Cariño sin fronteras

Tengo un montón de posts que publicar, pero también un montón de trabajo que hacer antes de salir de viaje. Voy a estar fuera una semana, así que nos leemos a mi regreso.
Mientras tanto, los dejo con esta ternura de video. El joven orangután y el perrito se conocieron casualmente, cuando el can (aparentemente perdido) entró en la reserva donde vive el pelirrojo simio, y desde entonces son inseparables. Me impresionó particularmente lo que comenta el director de la reserva al respecto de cómo comparten su comida los orangutanes con la gente, incluso parten en dos los dulces que les acaban de dar para compartirlos con los humanos. Y no se diga del chiquilín en cuestión, quien comparte su comida con el perro. No dejo de pensar que los animales nos dan enormes ejemplos de amor, tolerancia y compasión que pasamos por alto, creyendo que son simplemente conductas "monas". Éste y otros videos me hacen pensar que hay mucho, mucho más que eso detrás de estos amiguitos.

¡Pórtense bien y pásenla mejor!


octubre 19, 2009

En defensa de los nerds

Hace poco estaba platicando con mi media naranja (naranja y media) acerca de mi persistente e irritante falta de coordinación al nadar... y para otras muchas cosas. Le comentaba que de niña no aprendí a patinar ni a andar en bicicleta gracias a los múltiples zapotazos que me propiné al tratar de dominar esos instrumentos del terror que son las ruedas, sean dos o cuatro, en cualquier configuración. "Entonces eras bien nerd” me dijo. “SOY bien nerd”, contesté.
Nunca lo he negado. Todavía soy súper nerd. De niña fui matadita en la escuela, nada fiestera, tranquilita y casera. Ávida lectora, amante de los temas científicos y la ciencia ficción. Leía el National Geographic y hacía book reports sobre libros de Asimov para las clases de inglés. Y mala, malísima para los deportes y los juegos pesados. Supongo que hay alguna relación, pero corríjanme si estoy en un error: en nuestros años escolares casi todos los “cerebritos” eran malos para las actividades físicas. Supongo que eso se quita con la edad, pues conozco adultos bastante “nerds” que son buenísimos para uno o varios deportes. Pero yo traje pegada la etiqueta de “cerebrito” durante años. Y las rodillas raspadas de tanto caerme con los malditos patines.


Pero eso de ser nerd tiene sus ventajas. Nunca tuve que hacer un examen extraordinario (bueno, sí, el de mecanografía en la secundaria. Pero la mecanografía es una actividad física, ¿no?). Llevar la boleta de calificaciones a casa era pan comido. Y no me aburría nunca, mientras tuviera algo que leer, aunque fuera la Sección Amarilla. Feliz a mi manera y en buena medida, sin las presiones sociales que tenían mis amiguitas que eran realmente cool.
Desde hace más de un año un compañero de trabajo (sesudo ingeniero) me recomendó ver el programa The Big Bang Theory. Me decía que se botaba de la risa con las ocurrencias de los personajes, ingenieros mega-geeks en alguna universidad estadounidense. Un sitcom más, pensé. Hasta hace poco se me ocurrió ver el dichoso programa, sólo porque no encontré nada mejor... y quedé fascinada. Los personajes son evidentemente caricaturescos, pero entre risa y risa me reconocí de inmediato: controladora, compulsiva, racional hasta el ridículo. Cliché tras cliché, todos me resuenan. Y me resuenan con una carcajada. Entre los nerds, como entre los mortales, el reírnos de nosotros mismos es una enorme, enorme ventaja.

octubre 14, 2009

No te conozco

“Disculpe que no le reconozca... ¡he cambiado tanto!” – Groucho Marx
Esta cita me la robé de uno de mis blogs favoritos, porque me parece genial. Cuando encontramos a un viejo amigo solemos decir o pensar “¡estás igualito!” o “fulanito no ha cambiado nada”. Y nos vemos al espejo cada día reconociéndonos como los mismos de ayer, creyendo a ciencia cierta que seremos los mismos mañana. Y no, ni el amigo de la primaria es el mismo de hace butimil años, ni yo soy la misma de ayer. Por eso me parece genial la cita: cuando nos encontramos y nos reconocemos (o no), ¿eres tú a quien veo o lo que veo es sólo la imagen que guardo en mi memoria?

Desde que me uní una popular red social me he reconectado con amistades de hace años y he fortalecido los lazos con gente a la que conocí brevemente, pero con quienes descubro similitudes. Todos me enriquecen, todos me contagian su joie de vivre y todos me sorprenden. Desde las amigas de la secundaria (¡hola chicas!) hasta gente que he conocido más recientemente, siempre hay algo qué descubrir y algo que recordar. A veces incluso recuerdo cosas de mí que ya había olvidado. Y ni qué decir de los aspectos ocultos de mis familiares, que en el fértil campo del ciberespacio florecen y se multiplican.

Ahhh, ¡y la emoción de los reencuentros en vivo y a todo color! “¡No has cambiado!”... Oh sí queridos amigos, claro que hemos cambiado. Carreras, trabajos, matrimonios, divorcios, hijos, mudanzas, colores de pelo, ropita, creencias, intereses, enfermedades... la lista es interminable. Pero aún así, sigo viendo en ustedes buena parte de mis recuerdos. Borrosos, distorsionados. Dulcificados a veces. Exaltados o disminuidos. En ustedes veo lo que era yo cuando nos tratábamos de cerca. Algunas veces es lindo, otras no tanto. Y me pregunto cómo me ven ustedes... ¿pero importa eso, importa cómo los veo y cómo me ven, con este enorme filtro que es la memoria? Quiero, amigos míos, verlos como auténticamente son ahora, en este instante, no como quiero que sean. O como creo que deberían ser.
Nacha Guevara cantaba: “Ah, qué hermoso es el tiempo pasado, cuando la memoria lo ha empañado”. El pasado se ha desvanecido, el futuro todavía no está aquí, lo que necesitamos ahora es un hermoso tiempo presente.

octubre 06, 2009

La vida de los otros

(Seguimos en onda autoanalítica.)

Casa, trabajo, familia, amigos, obligaciones. Siempre estoy haciendo algo. Frecuentemente, haciendo algo para alguien. Escribo ahora, ya trabajé, al rato hago la cena. Siempre con la mente en alguna parte, con alguien más, en algo diferente. ¿En dónde estoy ahora? ¿Con quién realmente estoy ahora?
Hace algunas semanas puse un widget de música en la barra de la derecha (por cierto, díganme si es muy irritante oírlo cada vez que me visitan, o si simplemente apagan sus bocinas). Me parece fascinante eso de hacer listas de música y conservarlas, pero cuando estaba cargando mi primera lista tuve que preguntarme ¿qué me gusta? Así, de plano. ¿Cómo se me pudo HABER OLVIDADO QUÉ MÚSICA ME GUSTA? De repente me di cuenta de que hace mucho que no pongo el radio con simple musiquita, y también mucho tiempo que no ponía mis CDs. De inmediato me puse a ver mi modesta colección y estoy tomando inspiración de aquí y de allá para armar el famoso widget. Pero, ¿en dónde había estado esa parte de mí? ¿Qué he olvidado de mí misma?
Concesiones. Eso es lo que hace uno al vivir en familia. O incluso en el trabajo. Límites, para no molestar, o simplemente para poder convivir. Miles de cosas que no decimos o no hacemos. Pequeñas celdas autoimpuestas. Y al mismo tiempo, vivimos en función de los otros. Trabajar para alguien, seguir las leyes, dar de comer a la familia, preocuparse aunque sea por una mascota. Ni qué decir de los padres y madres de niños pequeños, tiranos de menos de un metro que mueven el mundo con sus deditos regordetes. La vida de los padres gira en torno a los hijos. Supongo que en general las familias somos así. Los humanos somos así. Qué vamos (así, en plural) a hacer, dónde vamos a ir, qué vamos a comer. ¿Qué te gusta a tí?... yo me adapto... Lo que digas está bien... Yo te sigo... Como tú quieras. Una y otra vez.
Regresen ahora a donde dice “por cierto, díganme...” Je je, les pido a ustedes (los otros) que me digan qué hacer, incluso en este espacio. Oh. Shit.


La individualidad es fieramente defendida, incluso nos quejamos de que el mundo se ha vuelto egoísta, que sólo vemos el beneficio propio, el viejo "cada quién para su santo". Pero en la práctica, todos nos entregamos de una u otra forma.
¿Estoy viviendo la vida de los otros y no la propia? ¿Los otros viven mi vida?
Cuando veo la serie Lost siempre digo que para los “villanos” apodados Los Otros, los “héroes” son los otros. Sip, una simple perogrullada, pero me lleva a esto: Yo soy el otro para alguien, así que, en cierta forma, vivir la vida de los otros es vivir mi propia vida.

octubre 01, 2009

Dead like me

(Aviso al respetable: Los posts se van a poner densitos. Agradeceré que me acompañen en este viaje.)
Ese es el nombre una serie que apareció brevemente hace algunos años. No sé si hubo traducción al español, pero literalmente significa “Muertos como yo”. Ahí se narraban las aventuras de un grupo de grim reapers (¿parcas?), encargados de guiar las almas de los muertos al más allá. Simpática la serie, por cierto, con un humor que se agradece.
Difícil es cultivar el humor cuando se ve la muerte de cerquita, en familia. Esa ha sido mi experiencia reciente. De nuevo me he enfrentado al dolor, no del que se va, sino de los que se quedan. Para quien fallece, por muy traumático que sea el momento de la muerte, también éste pasa. Y rápido. “Esto también pasará” decía Siddharta Gautama, el Buda histórico, al referirse a los dolores más grandes que puede experimentar el ser humano. Como el dolor de la propia muerte, o peor aún, el dolor de una madre que pierde un hijo. Esto también pasará. Pero esta afirmación es dura de creer y aún más dura de digerir.
Hemos sufrido varias muertes en la familia a lo largo de pocos años. Hijos que pierden a sus padres, madres que pierden a sus hijos, esposas que ahora son viudas. Me he enterado por una llamada en la madrugada, por un correo electrónico, o de viva voz. Ningún medio es mejor que otro.

Hace algún tiempo, cuando iba camino del sepelio de la madre de una queridísima amiga, de repente pensé en la difunta dama en términos de “qué gran aventura debe ser la muerte”. Wow, ahora que lo escribo ese pensamiento me parece... poco elegante tal vez. Bastante frívolo, quizá. O quizá no. Más allá de las narraciones de experiencias cercanas a la muerte (la luz al final del túnel y todo eso), realmente, realmente no sabemos cómo es ese tránsito. Sea que creamos en una “vida” después de la muerte, en premios o castigos, en la continuidad de consciencia o en la más absoluta destrucción... la verdad es que no sabemos nada de primera mano. Pero lo sabremos tarde o temprano.

Cuando trabajé en el área aministrativa de un hospital mi departamento estaba en el sótano, y al final del pasillo estaba la morgue. No era raro abrir la puerta de la oficina y ver pasar a un enfermero empujando una fría camilla metálica, ya fuera vacía o con un cuerpo cubierto por sábanas. Pero siempre eran camillas sencillas, frías, sin un colchoncito siquiera. Siempre me llamó la atención ese detalle, aunque la explicación es simple: ya no importaba la comodidad.
Todas las tradiciones religiosas nos dan alguna explicación. Supongo que las escuelas filosóficas también. Pero si volteamos la tortilla... ¿quiénes son los muertos?, ¿quiénes son los vivos?, ¿la vida humana se reduce a un trazo de ondas cerebrales?, ¿qué dirán mis ondas en este instante?, ¿quién o qué decide el verdadero momento de la muerte?, ¿y en serio, en serio, pero de verdad... estás vivo?
Or are you dead like me?