julio 05, 2010

Hasta la cocina

Notas sobre mis aventuras gastronómicas.
Tenemos un excelente Chateneuf du Pape para acompañar sus quesadillas” – Me chocan los restaurantes pretenciosos, donde por el hecho de poner tres copas y hartos cubiertos en la mesa creen que su comida es el non-plus-ultra y que pueden cobrar precios ridículos. En algunos casos el derroche de elegancia vale la pena, pero a veces parece que los dueños sólo tratan de impresionar al comensal y sobre todo a  la competencia. Hace como un mes visité un restaurante nuevo en mi ciudad, de comida libanesa y aires afrancesados. La comida es muy buena, pero los precios son altos y el servicio insiste en tratar de vender los platillos y vinos más costosos de su carta. La decoración es apantalladora pero inconexa y poco ergonómica, además de que no funciona para un lugar en donde uno bien puede llegar de pants y tenis. No dan ganas de regresar ahí.

Pasa el pesto - Por otra parte, para mi cumple elegí ir a comer a mi lugar favorito en Cuernavaca: el Marco Polo. Una trattoria acogedora y sin pretensiones, justo frente a la catedral, con precios decentes y una cocina muy auténtica. Ahí conocí el pesto como me imagino que se come en Roma: con pasta hecha en casa y un aderezo moderado de albahaca, ajo y piñones recién picaditos, con el aceite apenas justo para cubrir gentil pero contundentemente los ravioles que pedí, sin ahogarlos en la salsa. El servicio atento, rapidísimo y respetuoso, el ambiente relajado... y los profiteroles están so-ña-dos.

“Mamaaá, el pavorreal me robó mis cacahuates” – Otro de mis joints locales es Las Mañanitas... pero sólo para tomar la copa (Herradura Reposado doble, por favor). El restaurante es caro y la comida no es sublime, pero la terraza-bar con vista a jardín es genial. La botana de papas fritas caseras y semillas varias es generosa (se vale pedir más) y los tragos tienen precios razonables. Los pavorreales que se pasean por el jardín y suben a los árboles para dormir cuando cae el sol son razón suficiente para echarse un tequilita ahí (como si necesitara yo razones).

La merienda del verano - Como me lo recetó la nutrióloga, procuro tomar  un bocadillo a media mañana y otro a media tarde, para mantener el metabolismo en movimiento. Una de estas tardes me serví un par de (modestas) rebanadas de queso brie, con una pera y un poco de vino rosado (francés de 84 pesos la botella en el Costco) que estaba muy solito en el refrigerador. Ahhh... me sentí como en las riberas del Sena.

No te atasques – La otra noche vi un programa sobre cocina en un canal que no frecuento, y me quedé viéndolo porque el conductor es bastante simpático. La serie en cuestión se llama “Man vs. Food” y se trata de un muchachón que recorre los Estados Unidos visitando restaurantes famosos por platillos que, por lo que veo, lo que tienen famosos es la cantidad de comida que contienen. O lo picante que son. O porque representan un reto comerlos. Burritos de más de un kilo de peso, tazones de picosísimos fideos ramen que alimentarían a 4 personas, hot cakes más grandes que el plato... y así ad infinitum. Creo que nuestros vecinos del norte a veces (a veces...) se exceden en presumir su riqueza y la abundancia de la que gozan. Luego porqué se enferman.

Ahora si me disculpan, ya es hora de cenar. Mi gelatina light me espera. Diablos.

5 comentarios:

Kishiria dijo...

Es cierto, los mejores lugares son los pequeños y por los que pasas por ahi y a veces no das un centavo por ellos.

Donde trabajaba antes había una fonda bien rascuache y pichicata, había comida corrida y mientras te servían, te ponían un tazón de crema y tostadas tostadas al comal, sin aceite, la sazón de la cocinera era genial, hasta una sopa aguada te sabía a gloria.

un día cerró, así como así

Paula dijo...

Antes que nada, adoro esa escena de Ratatouille, y cómo se le cae el bolígrafo de la mano. Es genial.

El otro día estaba viendo un capítulo de The f Word, y el buen Ramsay trataba de hacer volver a la gente a un restaurant que vivió su máxima gloria cuando tenía un chef X. Al perderlo, el dueño se puso a cocinar y la comida era casi una porquería, pero los precios seguían siendo insultantemente caros, sobre todo considerando lo insípido y mal preparados que estaban los platillos. O sea, no se puede vivir de glorias pasadas.

Lo bueno es que hay para todos los gustos; yo no me siento cómoda yendo a un lugar que me tengo que vestir ultra formal, no es para mí, pero hay gente a la que sí le late. Con que me sienta cómoda y la comida y la atención me gusten es suficiente. Y como dice Anton Ego, "adoro la comida y no me la como si no la adoro"

P.D. El pesto es lo máximo, yo no lo hago con piñones porque son carísimos, pero con nuez y su queso parmesano no tiene madre. Pruébalo.
paularincones

Ale dijo...

....amix,,, gracias por tu apoyo ... vamos pasandola,,, mmm,, de la comida,, ¿¿¿que te digo???? he comido en bastantes lugares, y con gente de todo,, discretamente hago los pedacitos de animalito a un lado,,, en fin,,,, tras una caminata en la sierra,,, llegas a una humilde chozita,, y te hacen unas gooordas de maiz quebrado,, en leña..... ahhhh.... y nopalitos del patio...mmmm....

....el pesto... jja...como sólo a mí me gusta en casa,, he llegado a comprarlo.....y con tostadas light..mmm........y hummus...

chin.... ya me dió hambre... besitosss... .

Helga dijo...

Después de leer este post ahora NECESITO una de esas meriendas de queso y vino, pero en mi caso con manzana en lugar de pera, se me hace agua la boca sólo de pensarlo.

Ale lu dijo...

Ayyy que hambre me dio... todo se me antojó... pesto... el pesto más que nada, aunque las papitas de botana, la merienda esa nice que te recetaron jeje, y hasta el pavorreal merodeando, todo se me antojó...
disfruta tu gelatinita jaja yo haré lo propio :S
Bss

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