octubre 25, 2010

Canis lupus familiaris

Cuando era adolescente mi amá me regaló una perrita basset hound a la que quisimos muchísimo... a la larga. Los primeros meses fueron una batalla constante entre nuestros vanos e inexpertos intentos por “educarla” y su notable tesón para mandarnos por un tubo. Su travesura más memorable fue tirar un árbol de navidad y comerse las esferas. No, no le pasó absolutamente nada, simplemente sus heces parecían decoradas con diamantina durante un par de días. Eso sí, era un amor: cariñosa, juguetona, inteligente y leal, pero terriblemente traviesa. Muy tarde averigüé que los bassets son una raza difícil de educar para un primerizo, ya que son muy testarudos (como buenos sabuesos). Murió a los 8 años de una hepatitis sorpresiva y fulminante, pero su recuerdo sigue conmigo. Hasta la fecha me encantan este tipo de perros.

Cuando mi esposo y yo empezamos a planear el cambiarnos a una casa con jardín lo primero que se nos ocurrió fue que tendríamos un perro. Oh sí. Empezamos con la idea de un perro chico, luego pasó a mediano y después nos animamos por uno de talla grande. Ahí estábamos cuando unos amigos nos avisaron que sus perros pastor alemán habían tenido camada y que querían regalarnos uno. ¡Súper! Un mes después teníamos en casa al famoso Jack, consentido de mi esposo.
Semanas después los mismos amigos nos avisaron que no habían podido colocar a una de las hermanitas de Jack con la familia que originalmente la iba a adoptar, ¿no podríamos quedárnosla también? Bueno, la llamada la recibió mi esposo y de inmediato aceptó. Cuando me enteré claro que puse el grito en el cielo, ¡dos perros! ¡¡doble comida, dobles cuidados, dobles cacas!! Pero acepté... y no me arrepiento. Como siempre están juntos no se sienten tan solos cuando la familia sale de casa, no hacen destrozos (salvo algunos agujeros que le gusta cavar a la perrita Asta) y siento que tienen una buena estabilidad emocional.
Cuando eran cachorros resultaba monísimo verlos caminar juntísimos, cachete con cachete. Aún duermen muy cerca el uno de la otra y a pesar de ser tan unidos y haber pasado toda su vida juntos, cada uno tiene un carácter y personalidad (perrosonalidad) diferentes.
Jack (a la derecha en la foto) y Asta (orejitas que nunca levantaron) son nuestros grandes compañeros (40 y 30 kg respectivamente) y guardianes, y aunque han tomado adiestramiento siguen siendo muy locotes. Mucha gente nos dice que son obedientes, porque hacen caso al llamarlos, indicarles que suban o bajen escaleras, o que no entren o se salgan de la casa... pero sacarlos a la calle con correa es otra cosa. Ellos no tienen la culpa, sino nosotros que no nos hemos adiestrado correctamente.
Cuando puedo veo los programas de El Encantador de Perros, César Millán. Me encanta su enfoque de controlar primero la energía del humano para transmitir la actitud correcta al perro y el hecho de que todo su sistema se basa en la disciplina, el cariño y la actividad física. Estamos tratando de llevar a la práctica sus consejos, pero es una labor ardua.

El día que pueda salir así con mis dos monstruos consideraré que he tenido éxito (doble éxito, porque no sé patinar).

5 comentarios:

Helga dijo...

En algún lugar me tocó ve run artículo donde estaban en contra del método de César Millán, parte de los argumentos era que al ser controlados en forma tan tajante, los perros guardaban mucha agresión y que a la larga se convertían en bombas de tiempo.

Nunca he nisiquiera intentado entrenar un perrito pero me da mejor espina el refuerzo positivo.

Özer dijo...

Efectivamente, los métodos que utiliza Millán pueden parecer rudos, porque se basan en las actitudes de un líder de manada (perro alfa,) que no son nada sutiles. Por eso los compensa con el cariño (que insiste se debe prodigar cuando el perro está tranquilo, no cuando está agitado) y el ejercicio físico (mucho)y la atención para sacar la tensión. Me sorprendió cuando lo oí decir "los perros NO son bebés y realmente sufren cuando se les trata así". La perrita de una amiga mía siempre ha sido tratada como una ñiña y la pobre es la neurosis en cuatro patitas. ¡Abrazos desde acá!

Özer dijo...

...y tienes razón Helga, el refuerzo positivo funciona muy bien (ohhh, tenía tanto que aprender cuando tuve a mi primera perrita...)

Ale dijo...

... mucho gusto en conocer a los perrotesss... ;D,, yo también veo a Cesar, pero con reservas,, digo,, si fiona come en la sala ,, muy su gusto,, jaja, yo también como en la sala,y no me gustaría sentirme militarizada...lo malo es que no ha aprendido a aspirar las boronas de croqueta..... sepa ud, que primero crié rottweilers alemanes,,, hasta después me dió por el chiquitiaje.. besitossssss ,

Xochilt Lanezi dijo...

Cesar Millán es un crack, aunque pienso que no es tan facil llevar a cabo sus lecciones; él lo consigue porque tiene años de práctica con eso de controlar la energía; pero su filosofía me parece muy buena.

mi marido tiene un pastor alemán enorme, y al principio yo le tenía miedo porque siempre saltaba sobre mí a modo de juego, pero al ser tan grande me hacia daño; fue hasta que le hablé con autoridad y mostré seguridad que empezó a respetar; aunque al igual que tú, no nos atrevemos a sacarlo a la calle; seguro que me nos arrastra por toda la urbanización.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...