abril 21, 2013

Sabores de antaño

Dicen que el sentido del olfato es una vía más directa a los recuerdos que la vista o el oído. Yo diría que también el sentido del gusto (tan unido al olfato, por lo demás) es un puente directo a la memoria.

Siguiendo con el tema de las bebidas burbujeantes, les platico de mi más reciente descubrimiento, directo desde los anaqueles del Superama más cercano: la sidra Strongbow, en botellitas para consumo individual, a módicos 18 pesos per bottle.



De manufactura inglesa, la sidra de manzana Strongbow se viene fabricando desde 1962 (acá su sitio web, muy bien hechecito pero piden comprobar que uno es mayor de edad)
y combina el refrescante efecto de una gaseosa con el agradable ponch de una bebida alcohólica de moderación. De mucha moderación, indeed.

La compré por curiosidad y por recordar algún viajecito a Vancouver, Canadá, donde me pareció de lo más divertido acompañar mis hamburguesas (de restaurante en forma, no de cadena) y sándwiches con una sidra, cosa muy habitual por allá. Al llegar a casa enfrié mi botellita en el refri por un buen rato, y en la cena me serví el dorado líquido en un vaso con hielo y... wow!! tremendo flashback a mi infancia:

Nochebuena de fines de los setentas. Como cada año, mi pequeña familia y yo estamos en la sala de nuestra casera, quien amablemente nos invitaba cada año a "arrullar al Niño (Dios)" y a hacer un brindis tempranero para desearnos buen año y bendiciones navideñas. Como mi mamá era bastante liberal (pero responsable) respecto al consumo bebidas por parte de los niños (de su niña, específicamente), siempre me daban mi copa de sidra El Pomar, pues la Santa Clós no era la preferida en esa casa. Ooohh, yo me sentía divina a mis ocho o nueve años con mi sidra y mis canapés de la panadería Ideal (¿primero una marina o una hojaldrita con mole?).
Todavía no se asomaban de los vinos espumosos, las champañas carísimas y las copas aflautadas. Como en todas las casas de medias lanas de la época, la sidra en copa de boca ancha era el estándar... antes de que el TLC nos alcanzara.

Mi depa, tiempo presente... ¡la tal Strongbow me supo exactamente como la sidra Pomar! Buenos recuerdos destapados al característico ¡pop! de la corcholata. Ya soy fan.

Tengo ahora cuatro (uups, tres) botellitas más en el refri, esperando otro viaje en el vagón de los recuerdos. Veo venir un resurgimiento de la sidra, ahora como alternativa hip a los coolers (muuuy noventeros, ¿no? Y químicos, muy químicos) y pensada para acompañar comidas, más que como espumante festivo.

Eso me recuerda que tengo que rellenar las charolas de los hielos. Cheers!

4 comentarios:

Lirón dijo...

A mi no me gusta el alcohol. Mi marido dice que soy una naca, pero de verdad, el sabor de las bebidas alcohólicas no me pasa. Pero si dices que la sidra es tan refrescante, habrá que darle una oportunidad :P

Mar dijo...

Se me antoja probar. Se que de por si las sidras no son tan fuertes (no soy dada a las bebidas alcoholicas), ademas que siempre tienen algo de dulce, cosa que por ser quien soy, me encanta.
Bss, voy a buscar donde encuentro aqui en Toronto.

Anónimo dijo...

La probaremos, gracias!!

Pamela Vasco dijo...

Hola hace mucho que no pasaba por aquí. y ya pasé y ya me antojaste!

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