febrero 01, 2015

Los peces en el río


Hace años, mi entonces novio (ay, cositaaa) y ahora esposo me regaló en Navidad tres tortugas japonesas, de esas simpáticas y pequeñas que son populares entre los niños. Yo vivía en un edificio en donde no se admitían mascotas, así que las tortuguitas constituían una perfecta compañía pues no hacían el menor ruido. Matilde, Filomena y el Juli eran de lo más simpáticas.

Nos fuimos aficionando a estos bichos y después a los peces. En cuestión de meses, ya tenía yo además un par de goldfish y varios neones en una pecera aparte. En el departamento de él equipamos otra pecera de muy buen tamaño con tortugas Apalone de concha blanda (su entrada de wikipedia aquí) y peces diversos. Incluso soñábamos con un acuario marino, que son una cosa espectacular cuando están bien puestos y cuidados adecuadamente.

Queríamos algo sencillito, nada más
Primer error de principiantes: las tortugas verdes, que en realidad se llaman "de la Florida", crecen mucho. Pueden alcanzar más de 60 centímetros de largo del caparazón, dependiendo del tamaño de su hábitat. Las mías empezaron a crecer y a ensuciar su pecera más allá de la capacidad de filtración de los aparatos que tenía. La limpieza se tornó complicada y desagradable.

Matilde tomando el sol. Para entonces ya tenía como 5 años y más de 20 cm de longitud
Años después y ya en nuestra casa pudimos instalar una pecera grande exclusivamente para ellas e incluso planéabamos hacerles un estanque, pero esa es otra historia...

Segundo error de principiantes: hay especies que nunca se deben combinar en un mismo habitáculo. En su departamento, mi media toronja tenía la gran pecera que nos había vendido un supuesto experto, con piedras decorativas, castillito submarino, plantas (que, además, nos las vendieron llenas de caracolitos -gran problema-), filtros y multitud de peces... y las famosas tortugas de concha blanda. El “asesor” en quien confiábamos no tomó en cuenta el tipo de peces que nos vendió ni la presencia de esas tortugas que eran de una especie agresiva. La cosa terminó en tragedia: peces que se comían o se atacaban unos a los otros, los sobrevivientes estresados y una tortuga muerta quién sabe por qué.
 
Logramos salvar a varios de ellos y los dimos en adopción a gente que en verdad sabía cuidarlos. Incluso las tortugas vivieron muchos años más con nosotros, también en sus propios acuarios (las de la Florida por su lado y la Apalone por el suyo), pero la experiencia fue terrible. Por muy hermosos que sean los acuarios, por muy cuidados, planeados y bien mantenidos que estén, no dejan de ser una prisión. Ni se diga de esas icónicas peceras redondas o los pequeños cubitos en los que conservan a los peces beta.

Nunca más haremos algo semejante. Nunca, nunca más.

5 comentarios:

Ale lu dijo...

Bien por esa decisión, qué mejor que los animalitos permanezcan en su hábitat, un abrazo!!

Josep Mendoza dijo...

Ohhh que tragedia!!! no me quiero imaginar el horror que me daría ver a mis animalitos descuartizados, que bien que separaste a los supervivientes

sigo diciendo que me encanta tu redacción, ya no nos vuelvas a abandonar!

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