marzo 09, 2010

Heridas de guerra II

Pues parece que ya estoy en la etapa del “aminunca”: A mí nunca me dolía esto, a mí nunca me pasaba aquello... El dolorcito de cabeza que me agencié ayer, aunado a mis molestias lumbares y mi vista latosita me hacen pensar eso. Lo de la cabecita resultó ser una gripa incipiente, junto con algo de estrés y cansancio visual... y la vista me ha dado lata desde niña, pero con el paso del tiempo la ambliopía del ojo izquierdo (en cristiano: veo muy borroso y no hay cura) se complicó con astigmatismo y ahora "vista cansada". Así que ya tengo paquetes de Advil por aquí y por allá, lentes para leer colocados en sitios estratégicos y mis ya conocidos ejercicios para la espalda. Ugh.

Hace unos días estaba tomando mi clase de natación y tanto el instructor como yo empezamos a hacer plática con la chica que estaba en el carril de al lado (por chica me refiero a una mujer más o menos de mi edad). Sin mucho preámbulo nos platicó sobre un accidente que la tuvo sin caminar durante casi dos años, con las consecuentes dificultades para ejercitarse y lo bien que le ha hecho la nadada. Mi instructor procedió a platicar su propio accidente, los huesos que se rompió y los meses que pasó primero en cama y luego en terapia. Después vino la sesión de comparación de cicatrices, producto de las cirugías a las que se han sometido ambos. “No, pos yo nomás tengo escoliosis”, dije con algo de pena y seguí nadando. Glu, glu, glu.
Esta escena se me ha repetido numerosas veces en la alberca. He conocido por lo menos cuatro personas que, tras fuertes accidentes o lesiones, nadan para ejercitarse y como terapia física. Bien por ellos, en buena medida yo también estoy en esas. Pero lo que me sorprende y me asusta un poco es el afán de comparar las desgracias que tenemos todos nosotros. Yo tengo esto, yo sufrí aquello. Por cada fractura sencilla hay otra doble, cada operación encuentra otra peor, cada cicatriz se eclipsa ante otra más grande. Pareciera que es un logro el haber sufrido algo terrible. Digo, ES un logro superar la desgracia, ¿pero por qué presumir el sufrimiento ya pasado?

Y leo mi post anterior y el párrafo con el que abro el presente... y me da un poco de vergüenza. Ahí estoy yo también, presumiendo mis dolores, como si fueran heridas de guerra, y como si me fueran a dar una medalla simplemente por tenerlos. Así que mejor repito como mantra las palabras de la Signora Sophia Loren, cuando le preguntaron cuál era su secreto para verse tan bien a su edad: “No hacer sonidos de viejita”.

So, grin and bear it.

3 comentarios:

Doña M dijo...

¿Viste Lethal Weapon? ¿La 2? No que fuera tu caso en la alberca, pero cuando uno se presume cicatrices, a veces, A VECES, es nomás el buen pretexto para encuerarse y curarse la escoliosis de maneras más primitivas, cansadas, pero sabrosas.

Yo estoy en cama también, con Influenza estacionaria. El Sobrino Médico dijo: ya ni vayas al doc, tienes influenza. Méte te a la cama y no salgas.

Achis...

Y yo tan feliz la semana pasada dándole a la bici y tomando cafecitos a la 1 de la mañana.

Ni modo, ya llegué a la edad del Amino.

Xochilt Lanezi dijo...

qué buena tu reflexión, yo me he dado cuenta en el autobús, cuando voy al trabajo van muchas personas mayores que se dirigen a hacerse análisis al hospital, y van todo el camino comparando heridas de guerra. Parece que es una competencia a ver quien está peor.

Yo soy de las que piensan en que si tu mente está joven, tu cuerpo se lo cree y los achaques de la vejez se retrasan.

Y tú tienes una mente muy joven, ánimo.

Guapóloga dijo...

Ja ja ja, excelente cierre de post! Dios bendiga a Sophia Loren

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